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crisis cíclicas

Hoy me estaba mirando en el espejo y pensé: “creo que mi pelo está demasiado largo…” Luego, reflexioné y decidí: “bueno, tengo que aprovechar mientras aún me queda bien, porque cuando tenga 40 años a lo mejor no pegará para nada salir por ahí con el pelo súper largo.” Ya sé que me vais a decir que no tiene nada que ver. Y a lo mejor tenéis razón. Pero la cosa aquí está en el hecho de haberlo pensado.

Por otro lado, en el nuevo libro de Marian Keyes que estoy leyendo ahora, “The brightest star in the sky” (uno de los que estaban en la pila de libros esperando por mi tiempo libre y que como todos los libros de Marian Keyes son excelente compañeros para las tardes de lluvia), una de las protagonistas, Katie, acaba de llegar a los 40 años. Y aunque Katie intente convencerse de que los 40 de hoy son los 20 de ayer, yo casi me identifico con ella. Y por si no os acordáis, hace ya 10 años que no tengo 20. Así que, ¿qué diablos está pasando?

Me explico: cuando teníamos menos de 20 años, queríamos ser mayores. Nos maquillábamos, queríamos subir en los tacones, salir por la noche, ser independientes. Cuando entramos en la fase de los 20, nos chocó un poco la responsabilidad que empezamos a tener y nos costó bastante (en mi caso aún me cuesta) asumir que, de cierta forma, lo que tanto queríamos se ha convertido en realidad y nos habíamos convertido en adultas. Hemos tenido que adecuarnos a esta nueva situación y a partir de los 25, cuando finalmente empezamos a disfrutar de las ventajas de tener 20 y pocos años, cuando estábamos totalmente a gusto y orgullosas de ello, de repente ya tenemos 30.

Dejar los 20 años está siendo algo que de verdad me está costando más de lo que yo me esperaba. Y eso que cuando cumplí los 29 empecé con la táctica de mentalizar lo que venía por delante, y practicarlo, aceptándolo y disfrutando de esta nueva fase mágica de mi vida que empezaría pronto, muy pronto. Pero es que ahora que me veo en ella, se supone que debería haber madurado y estar orgullosa, pero os puedo asegurar de que no es como te lo imaginas. Y sí, te va a afectar. Aunque todavía no comprendo el porqué, mucha cosa cambia y empieza una crisis que os lo juro no llego muy bien a comprender adónde me quiere llevar.

Lo que me conforta es saber que no estoy sola. Ya lo sé que es egoísta de mi parte, pero cuando miro a las amigas de mi edad distribuidas por el mundo, lo que encuentro son mujeres en crisis. TODAS ellas. Independiente de la situación en que se encuentren, es como si algo por detrás, un hilo que nos uniera a todas, allí, omnipresente, nos hiciera parte de una secta: la secta de las mujeres que no saben muy bien el porqué sienten que algo no encaja. Y esto de algún modo me conforta.

Tengo amigas súper bien sucedidas profesionalmente, que ya un poco hartas de tantas horas de trabajo, buscan una manera de disminuir el ritmo para poder tener más calidad de vida. Por otro lado, tengo aquellas amigas que han dado una pausa en su vida profesional para dedicarse a la familia y, aunque estén felices con esta decisión, no dejan de decir que cuando el hijo cumpla la edad para matricularlo en la escuela volverán a trabajar. A ambas les pasa lo mismo: algo les dice que tienen que algo falta. Que tienen que tomar una actitud lo antes posible, buscar algo diferente, algo que… bueno, que no saben muy bien qué es ya que teóricamente lo han conseguido todo. O sea, siempre hay este “algo” que no encaja.

Tengo otro amigo (es que mis amigos siempre me dicen cosas que al final resultan útiles) que me dijo cuando yo cumplí los 30 que los 10 años que vivió entre sus 30 hasta cumplir los 40 fueron los mejores años de su vida. Según él, esto pasó porque tenía la juventud y la experiencia juntas. De esta forma, fue durante esta fase cuando pudo realmente aprovechar todas las oportunidades y crear quién es el hoy.

Bueno, yo no sé si esto me lo dijo para tranquilizarme o si es que con los hombres pasa diferente, pero ya empezaba a creer en él. Ya casi me tranquilizaba al pensar que esta mi crisis actual era algo bueno que me llevaría a caminos desconocidos de placer y auto descubrimiento, cuando me encontré con Katie y su crisis de los 40. Y, como si no bastara, me acordé de muchos otros libros que solía leer mi madre cuando cumplió los 40, la edad de la loba, según algunos autores. Así que me pregunto: ¿Es que vamos nosotras tener que soportar las crisis cíclicas y a cada 10 años pasar por más 10 años de reestructuración para, al final, llegar a otra crisis más? Yo no sé a vosotras, pero a mí desde luego esto no me parece ni un poco consolador…

Translation:

Today I was looking in the mirror and thought:” I think my hair is too long …” Then, I reflected and decided: “well, I have to take advantage while I still can do it, because when I am 40 years might not be as cool going out there with this super long hair.” Ok, I know that you are going to say that I am crazy an all that stuff. And know what? Maybe you are right. But the thing here is the fact that I thought about it.

In addition, the new Marian Keyes book I’m reading now, “The brightest star in the sky” (one of those who were in the pile of books waiting for my free time and like all Marian Keyes books are excellent companions for those wet afternoons), and one of the protagonists, Katie, has just reached 40. And even tough she is trying to convince herself that 40 are the new 20, I almost sympathize with her. And, I don’t know if you remember, but it is been 10 years since I have 20. So what the hell is going on?

I mean, when we were under 20 years old, we wanted to be higher. We were crazy about make-up, we wanted to climb in heels, going out at night and be independent. When we entered the phase of 20, we have found the meaning of the word “responsibility” and it was hard for us (it is still hard, in my case) to assume that, in certain ways, all this adult thing we have always wanted for has become reality. We had to adapt ourselves to this new situation and from 25 on, when he finally began to enjoy the benefits of being 20’s, when we were totally comfortable and proud of it, suddenly we have 30.

Leaving 20’s is still something that really is costing me more than I expected. And yet when I turned 29 I started to prepare myself for what was coming ahead, and practice how to accepting and enjoying this new magical phase in my life that would begin soon, very soon. But now that I am in it, it is supposed to me be proud and mature, but I can assure you that it’s not like you imagine it. And yes, you’ll be affected by the change. Although I have not yet understood why, a lot of things are changing and I am starting a crisis that I swear I just cannot see where is going to end up.

What comforts me is to know that I am not alone. I know it’s selfish on my part, but when I look at my old friends throughout the world, all I can see are women in crisis. ALL of them. Independent of the situation in which they are, is like something from behind, a thread that join us all there, omnipresent, made us part of a cult: the cult of women who do not know very well why they feel something does not fit. And it comforts me in some way.

I have super good friends professionally successful, already a bit tired of working long hours, seeking a way to slow down in order to have more quality of life. On the other hand, I have these friends who have given a pause in their career to dedicate their life to the family and, although they are happy with this decision, they keep saying that when the child reaches the age for enrolling in school, they will be back to work. They both feel the same: something is missing. They fell this strange agony of that they should take an attitude as soon as possible, look for something different, something that … well, they do not know very well what is because, theoretically, they have achieved everything. So, there’s always this “something” that does not fit.

I have another friend (is that my friends always say things that are useful at the end) told me when I turned 30 than the 10 years he lived among his 30’s to his 40’s were the best years of his life. He said this happened because he had his youth and experience together. Thus, it was during this phase that he could really take every opportunity and establish who he is today.

Well, I do not know if he told me that to calm me down or if it happens to be different with men, but I was almost believing him. I was starting to think that this current crisis was a good thing, that it would take me to unknown paths of pleasure and self-discovery, when I met Katie and her crisis of 40’s. And as if it was not enough, I thought of many other books that my mother used to read when she turned 40, the age of the wolf, according to some authors. So I wonder: will we have those cyclical crises every 10 years, just to have to pass more than 10 years trying to restructure ourselves to reach another crisis? I do not know you, but it does not seem very comforting to me…

26/02/2010 at 16:10 5 comments

ok, empiezo yo

Ni bien hemos subido la página y mi hermana ya me ha enviado un mail: ” He leído esto en un periódico esta mañana y me acordé de ti”, con un enlace para este reportaje del periodico O GLOBO de Brasil  “Depois dos 30, pare de procurar um príncipe” (Después de los 30, deje de buscar a un príncipe seria la traducción, aunque creo que se comprende perfectamente – de hecho, espero que el tema de los idiomas no sea un problema en este blog, ya que lo que buscamos es un espacio de discusión. Y os pido que intentéis pasar por alto los errores gramaticales que puedan surgir, ya que ninguna va a escribir en su idioma materno).

Pues bien, el reportaje habla  de un libro que se llama “Marry Him! The case for settling for Mr. Good Enough”, en el que la autora, Lori Gottlieb, defiende que dejamos pasar demasiadas oportunidades de casarnos durante la vida, porque somos demasiado exigentes y estamos siempre buscando algo mejor.

Confieso que cuando empecé a leer el artículo, me estresé un poco. A lo mejor, esta típica reacción de cuando alguien nos dice algo que sabemos que es verdad y que, por lo tanto, no nos gusta escuchar que alguien nos lo diga. Pues bien, lo más curioso es que es la segunda vez que escucho esto en menos de 3 meses. Sí, porque cuando estuve en Brasil para las navidades, visité a una psicóloga recomendada por una amiga para hacer lo que ellos llaman una “constelación familiar” (una especie de estudio sobre tu familia y la manera como te ves dentro de ella y la postura que asumes, en fin, bastante interesante) y en el medio del proceso ella me dijo que yo siempre repetía la frase: “mientras busco algo mejor”. Por lo visto, es algo que suelo hacer a menudo en mi trayectoria tanto profesional como personal.  Y, para ilustrarlo, ella contó la historia del shopping center de hombres.

No sé si la conocéis, pero me resultó graciosa. Dicen que la mujer entró en este enorme shopping center de hombres de 4 plantas y se quedó alucinada con lo que vio: tiendas y tiendas de hombres guapísimos, todos súper fuertes y musculosos. Su primer impulso fue salir corriendo y comprar ya uno de ellos. Pero, como había 3 plantas más, sintió miedo de precipitarse y decidió ver qué se ofertaba en la segunda planta. En la segunda planta, los hombres eran un poco menos guapos que en la planta anterior, pero todos inteligentísimos, divertidísimos. Pero, bueno, todavía quedaban 2 plantas y a lo mejor…. Total, que así va todo el shopping center hasta que cuando llega a la cuarta planta, encuentra una puerta de salida por la cual es obligada a cruzar y ya no puede volver a entrar en el centro. ¿Lo pilláis?

Y, no sé si es porque cuando una piensa mucho en algo parece que el mundo conspira para que vea mensajes ocultos en todo, pero la semana pasada fui al cine con mi chico ver a la nueva película de George Clooney, “Up in the air” y, no sé si ya la habéis visto, pero hay una escena de una charla entre una chica de 23 años que acaba de ser abandonada por el hombre de su vida, vivida por Anna Kendrick, y una mujer de sus 30 y pocos años, aparentemente dueña de si misma, interpretada por Vera Farmiga, que es para ponérsele a una los pelos de punta.  Lo que ellas discuten, en líneas generales, es justamente cómo las películas de princesa hacen con que una se cree en su cabeza la imagen del príncipe de su vida y el duro golpe de ver que el príncipe en realidad no existe. La inocencia inicial de poner los requisitos muy altos, versus el cansancio de intentar buscar algo que se sabe que no se va a encontrar y la aceptación de la realidad de que, con el tiempo, dejas de valorar ciertas cosas y, no sé si se puede decir así, bajas el nivel o  simplemente empiezas a valorar cosas distintas.

La cosa es que esto de que se te quema el arroz y todo este rollo con el que te comen la cabezas tus tías desde que tienes 10 años al final, cuando llegas a los 30 y sigues soltera, empieza a tener sentido. Y aunque no quieras aceptarlo o te de vergüenza asumirlo, en el fondo, tienes miedo. Miedo de haber hecho las elecciones equivocadas. Miedo a que se te pase el tiempo. Y ya no estás segura de si las decisiones que tomas son de verdad decisiones o si es que tienes miedo de equivocarte una vez más.

27/01/2010 at 16:12 8 comments


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